Las trufas son un género de hongos comestibles y exquisitos para su mesa. Crecen en una relación simbiótica micorrícica con árboles, castaños, nogales, especialmente los del género Quercus como las encinas y robles.

Tiene forma irregular más o menos redondeada, de superficie rugosa y color oscuro. Su interior presenta una apariencia repleta de venas y conductos. Su tamaño varía desde el tamaño de una nuez al de una patata. 

Nuestra trufa negra o tuber malanosporum es la más apreciada a nivel mundial, por lo que en ocasiones se les denomina el “diamante negro de la cocina”. Su color es negruzco o gris con tonos violáceos, como un negro azulado. Un color y una aroma que te atrapan y enamoran. Tiene forma irregular y su peso es variable, desde unos 20 a unos 300 gramos. La piel es muy finas recubierta de verrugas. Su cuerpo es carnoso y compacto, más blanquecino cerca de la piel y grisáceo hacia el centro. Presenta un olor intenso y un sabor agradable al paladar. Su recolecta depende mucho del clima, entre final del otoño  y hasta mediados de marzo.

La trufa blanca o tuber aestivum o trufa de verano, como indica su denominación, tiene su época de crecimiento desde verano hasta principios de otoño. Tiene forma redondeada con irregularidades. Recubierta de verrugas angulosas que las diferencia de las demás. Color marrón negruzco y de carne compacta. Su olor es intenso y aromático y presenta un sabor peculiar que recuerda al de las nueces. La trufa estival se considera de buena calidad y es también apta para los mismos usos que la trufa negra, pero con la diferencia de que ésta se vende fuera de temporada.

El uso principal de la trufa es culinario, debido a su aroma y sabor únicos, siendo muy apreciados en la cocina europea y mundial.

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